Casas pasivas: ahorro energético y mayor confort durante el confinamiento

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Un consumo hasta siete veces menor que el de la casa habitual, una temperatura constante durante todo el año sin necesidad de encender calefacción o refrigeración y una mejor calidad del aire gracias a sus sistemas de filtrado son algunas de las ventajas de las casas pasivas, que se han hecho más evidentes desde la puesta en marcha de la reclusión forzada, han explicado a Efeverde varios expertos.

Las viviendas pasivas se diferencian “notablemente” en cuanto a “ahorro energético y confort” de las construidas “en el último siglo”, que no prestaban atención a factores como “el aislamiento, el clima, el espacio donde estaban situadas o los beneficios que realmente puede aportar una casa por sí misma”, ha argumentado la directora técnica de Green Building Council España (GBCE), Paula Rivas.

Esta asociación sin ánimo de lucro reúne a representantes de todos los agentes relacionados con el mundo de la construcción, con el objetivo de impulsar la transformación del mercado actual hacia una edificación sostenible y defiende que las ventajas de las casas pasivas “son más evidentes desde que la población permanece mayor tiempo en su hogar a causa del coronavirus”. 

Confinamiento en una casa pasiva

Un ejemplo de sus beneficios lo ofrece el arquitecto Alberto Arpón, que reside desde hace tres años con su familia en la primera casa pasiva de madera en Aragón y afirma que “en estos dos meses de confinamiento no hemos registrado un mayor consumo energético derivado del uso de la calefacción y el agua caliente” como sí ha sucedido por ejemplo en gran parte de los pisos urbanos.

Rivas ha apuntado que “hemos tenido suerte de que el confinamiento haya llegado en una época con temperaturas moderadas” porque la diferencia habría sido aún mayor si el confinamiento “se hubiera producido en pleno invierno o verano”, en cuyo caso “hubiera sido aún más duro dado el tipo de vivienda mayoritaria en España”.

Otro arquitecto, el cofundador del estudio AGi Architects y miembro del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid Joaquín Pérez-Goicoechea, se encuentra precisamente en estos momentos rehabilitando su piso para convertirlo en pasivo porque “sus criterios de sostenibilidad y eficiencia energética” se vinculan al “compromiso social” con el medioambiente y la recuperación de “la relación del ser humano con la Naturaleza”.

A su juicio, estas casas son una inmersión en “todo lo que uno imagina cuando le hablan de ‘hogar’, pues transmiten paz, tranquilidad y seguridad”, a la vez que “se preocupan por valores como la salud y el bienestar”.

Para ser considerada sostenible, Rivas ha añadido que una vivienda debe “apoyarse en las tres patas de la sostenibilidad”, que son “la reducción del impacto que provoca en el entorno, la mejora del mantenimiento del edificio y la implicación con valores sociales como la salud”.

Así, entre las medidas habituales en el diseño de estas casas figura el uso sistemático de plantas para “crear microclimas que combatan las islas de calor de las grandes ciudades”, el refuerzo de la iluminación natural y la búsqueda de horizontes limpios, de manera que “al mirar por la ventana los obstáculos estén cuanto más lejos mejor para descansar la vista”.

La vivienda del futuro

La Unión Europea también está impulsando la fabricación con materiales que, además de ser económicos, tengan “menor impacto sobre el medioambiente”, beneficien la salud y “sean resilientes al cambio climático”.

En este sentido, Pérez-Goicoechea ha recordado que, para que una casa sea certificada como pasiva, tiene que superar “un test muy exigente” que garantice “la calidad requerida”.

Se trata de un estándar con proyección de futuro ya que el nuevo Código Técnico de la Edificación, que entrará en vigor a finales de junio, fija parámetros que “se acercan muchísimo” a ellas y “en muchas regiones va a ser obligatorio” hacer este tipo de construcciones, concluye Rivas. 

 

INFORMACIÓN: EFEverde

 

 

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