Cuba inicia la vuelta a la normalidad con el turismo restringido

185

Con la epidemia prácticamente bajo control –14 de las 16 provincias de la isla no han reportado casos y solo se han registrado dos muertos y 160 enfermos en los últimos 15 días–, la mayor parte de Cuba entró este jueves en la primera fase de la desescalada, que será gradual y asimétrica en el país. De momento, La Habana y la ciudad de Matanzas, 100 kilómetros al este de la capital, quedan fuera de esta incipiente vuelta a la normalidad por ser el foco más activo de contagios.

A partir del 1 de julio podrán llegar los primeros turistas extranjeros, pero solo para disfrutar de los hoteles situados en los cayos de la costa norte y sur, sin poder visitar ciudades ni moverse por el resto del país. A todos se les hará en el aeropuerto una prueba diagnóstica PCR para detectar si tienen la enfermedad.

El Gobierno cubano ha adoptado un plan de vuelta a la normalidad compuesto por tres fases. La primera comienza este jueves 18 de junio en las 14 provincias del país que llevan semanas sin reportar casos. La mascarilla protectora sigue siendo obligatoria al salir a la calle, pero se relajan las medidas de aislamiento social adoptadas desde marzo y empieza a activarse el transporte público interprovincial, aunque todavía no se puede viajar entre provincias.

También se reanudan labores productivas que habían entrado en hibernación, se activa el turismo nacional, abren playas y piscinas –con horarios y medidas de control– y las cafeterías y restaurantes vuelven a brindar servicio, obligados a observar estrictos protocolos de seguridad para mantener la distancia y la higiene.

A medida que el país vaya avanzando en la desescalada, las medidas irán flexibilizándose, aunque las autoridades ya han dicho que van a apostar por una vuelta a la normalidad sin “apresuramientos”, para evitar rebrotes.

Está claro que La Habana, donde se han registrado más de la mitad de los 2.295 casos diagnosticados hasta ahora en el país –ayer fueron 15, todos en la capital–, será el último lugar en volver a la normalidad. Matanzas, donde se encuentra el balneario de Varadero, está en una situación mejor, pero atrasada con relación al resto del país. No se ha informado cuando estos territorios podrían entrar en la primera fase.

La reactivación del turismo internacional es clave –por ser una de las principales fuentes de ingresos de la isla–, pero el plan gubernamental apuesta por la cautela y no por “una apertura a lo loco”, pese a que sus competidores en el área, principalmente México y República Dominicana, ya están en plena campaña de atracción de clientes. La idea, o el propósito, es que cuando se produzca la reapertura total, Cuba se posicione como el destino más seguro del Caribe.

De momento, el país seguirá cerrado para os vuelos comerciales –al menos hasta el 1 de agosto–, pero desde julio se autorizará la llegada de viajeros directamente a Cayo Santa María, Cayo Coco, Cayo Largo, Cayo Guillermo y Cayo Cruz. Estos polos cuentan con aeropuerto en las cercanías, de modo que los turistas llegarán allí directamente en vuelos charter, sin pasar por La Habana, y durante su estancia en la isla no podrán salir de estos cayos ni mezclarse con el turismo nacional ni la población cubana.

A todos se les hará una prueba diagnóstica PCR nada más llegar al país y en cada hotel habrá un equipo médico, compuesto por un doctor, una enfermera y un técnico en higiene y epidemiología, para prevenir cualquier eventualidad.

En la medida en que el país vaya avanzando en la desescalada, irán abriéndose otros destinos y el turismo ira recuperando poco a poco su “normalidad”, aunque es poco probable que la capital vuelva a ser una ciudad turística “normal” hasta al menos octubre o noviembre. El Gobierno de la isla quiere evitar a toda costa rebrotes y retrocesos en una ciudad de 2,1 millones de habitantes donde, debido al desabastecimiento, las grandes colas en los establecimientos comerciales representan un riesgo de contagio considerable.

Cuba cerró sus fronteras al turismo internacional el 24 de marzo, lo que supuso un duro golpe a uno de los sectores más dinámicos de la economía cubana y cuyo aporte al PIB es considerable.

Esta industria, que el año pasado sufrió considerablemente las medidas de la administración Trump para endurecer el embargo –la prohibición de los cruceros y de los viajes de los ciudadanos norteamericanos provocó una caída del 15% en el número de visitantes–, aporta anualmente unos 3.000 millones de dólares para las arcas del Estado. En la desescalada cubana, recuperar el turismo internacional, pero con seguridad, es una de las prioridades nacionales.

Con información de El País

Compartir