Congreso certifica la victoria de Biden horas después del asalto Capitolio

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Joe Biden salvó el penúltimo escollo para hacerse cargo de la presidencia de Estados Unidos con la certificación de su victoria en el Congreso. Sí, el penúltimo escollo porque con un Donald Trump desquiciado por la derrota siempre puede surgir un nuevo desafío antidemocrático. Nadie sabe a ciencia cierta si Trump se marchará de la Casa Blanca el próximo día 20 o lo tendrán que sacar por la fuerza los servicios secretos.

La certificación de los votos electorales de Biden, que debía ser un trámite, una cosa ceremonial, se convirtió en una pesadilla y en un varapalo para el orgullo nacional. Al poco rato de que se iniciara la sesión conjunta de las dos cámaras, la invasión sediciosa de las hordas trumpistas forzó el aplazamiento. Los congresistas, con el actual vicepresidente (Mike Pence) y su sucesora (la senadora Kamala Harris) fueron llevados a un lugar seguro. A los legisladores les evacuaron después de vivir escenas inimaginables en el país faro de la libertad.

Casi de inmediato a la confirmación de Biden, el presidente Trump emitió un comunicado, una rendición entre falsedades. “Aunque estoy totalmente en desacuerdo, y los hechos me confirman, habrá una transición ordenada el 20 de enero”, aseguró.

“Siempre he dicho que continuaré trabajando para garantizar que sólo se cuenten los votos legales. Mientras que esto representa el final de un gran primer mandato en la historia presidencial, sólo es el principio de nuestra lucha para hacer América grande otra vez”, afirmó.

Trump anuncia que será una transición “ordenada”

La ceremonia arrancó el 6 de enero con las palabras del vicepresidente Mike Pence, encargado de dirigir la sesión por su condición de presidente del Senado, en las que descartó el requerimiento anti constitucional y autócrata de Trump para revertir la voluntad de las urnas. Todo acabó la mañana del 7, entre el cansancio, el susto y la indignación por lo ocurrido.

Una cinco horas después del asalto, y una vez que la policía aseguró el perímetro, los congresistas continuaron pasadas las ocho de la tarde en el punto en el que lo habían dejado, el debate en cada una de las cámaras sobre la objeción a los votos electorales de Arizona. Este era uno de los caballos de batalla de las conspiraciones de Trump.

“Hoy es un día oscuro en la historia de Estados Unidos”, afirmó Pence al reanudar la sesión. “Condenamos la violencia que se ha vivido aquí con los términos más fuertes. La violencia fue sofocada, el Capitolio está seguro y la gente continúa trabajando”, señaló. “A los que causaron estragos en nuestro Capitolio, no habéis ganado. La violencia nunca gana. Gana la libertad”, insistió antes de golpear con el mazo marcando el reinicio.

El jefe de la mayoría republicana, Mitch McConnell, calificó la algarada como una “insurrección fallida” de la que responsabilizó al presidente Trump. “No nos intimidarán, no nos echarán de la cámara los matones o las turbas”, sostuvo. Su colega demócrata, Chuck Schumer, describió a Trump como “el peor presidente de la historia” y el responsable último de la “profanación del templo de la democracia”. Y remarcó: “Esto es el legado imborrable del presidente número 45”.

Tras los debates, las cámaras votaron por separado el caso Arizona. La objeción fue derrotada por un amplio margen en cada una de las estancias, con una estrecha colaboración entre ambos partidos.

Entonces se cogió velocidad. Fueron abriendo los sobres de cada estado y computándose los votos electorales. Los resultados de Georgia, Nevada y Michigan –otras tres piezas deseadas por Trump-, superaron el intento de las objeciones. En cada uno de esos estados hubo legisladores que lo intentaron en vano. El proceso requiere que al menos un senador firme la petición de revisión para que prospere. Sin embargo, los senadores que se habían comprometido retiraron sus firmas debido a los incidentes, por lo que los votos se computaron sin discusión.

Los inspiradores ya sabían que fracasarían
Y llegó Pensilvania. Aquí sí que prosperó la objeción. En el Senado la ventilaron rápido, sin las dos horas debate que prescribe la regulación. McConnell convenció a los suyos de que no merecía la pena. Votaron, 93 contra la objeción, siete a favor. En cambio, en la cámara de representantes sí que consumieron esas dos horas de discusión para llegar al mismo punto: el rechazo. Los inspiradores ya sabían que fracasarían, pero eso era lo de menos. Lo importante era actuar para congraciarse con un espectador: Trump.

El recuento prosiguió a las 3,25 horas del día 7 de enero. A las 3,32, con los tres votos electorales de Vermont, Joe Biden y Kamala Harris superaron la barrera de los 270, que los convertía oficialmente en los próximos presidente y vicepresidenta de Estados Unidos.

A pesar de haberse llegado a ese punto sin retorno, el republicano y trumpista Lou Gohmert intentó objetar los votos de Wisconsin. Ningún senador le secundó.

Unos minutos después, Pence pronunció la sentencia. Biden era el ganador. No hubo ninguna palabra de felicitación.

Vía La Vanguardia