Lucy Rojas, ejemplo de resiliencia y perseverancia

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“De la adversidad tienes que aprender; primero, a valorar tu vida, y después, a seguir adelante como puedas”, esa es la enseñanza que Lucía Rojas Olivos busca transmitir todos los días a sus amistades y seres queridos.

Recorre los pasillos de la Coordinación de Servicios Generales y Mantenimiento de la Secretaría de Administración con una actitud animada y servicial que la hace sobresalir y servir como inspiración de supervivencia para sus compañeras y compañeros.

“Me gusta ser amable, atenta, dar mi mayor esfuerzo para realmente ayudar”, destaca Lucy al reconocer que es detallista con su trabajo, con cada orden de servicio que pasa por sus manos y que debe verificarse.

Su perseverancia es admirable, a los 28 años fue diagnosticada con esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa y crónica del sistema nervioso que afecta su coordinación motriz, lenguaje, el funcionamiento de su organismo y su estado de ánimo.

Esta condición provocó que Lucy casi perdiera el habla y dependiera de un bastón para moverse. Pese a ello, no aceptó una incapacidad y decidió continuar activa en el trabajo.

“Sabía que podía hacerlo y con el apoyo de mis compañeras y compañeros cumplí con mi responsabilidad en la Secretaría y me enfoqué en mejorar hasta que dejé el bastón y recuperé mi dicción”.

Conmovida, recuerda los momentos en que se sintió abatida al ver el desgaste de su cuerpo, pasó por momentos de depresión que le dieron la oportunidad de medir su fuerza interior y conocer su resiliencia.

“Todos los días tengo que levantarme con la mentalidad de que solo yo puedo salir adelante, los medicamentos me ayudan, pero depende de mí estar bien o dejarme vencer por la enfermedad”, asegura.

Una de las enseñanzas que le ha dado la esclerosis múltiple –señala– es conocer la solidaridad y empatía que existe en su entorno laboral.

“Nada es más significativo para mí que sentirme incluida, valorada y respetada por mis compañeras y compañeros y también por los jefes. Han sido solidarios, por la enfermedad a veces no me siento bien, no puedo hablar, y en vez de hacerme a un lado,  se ponen en mi lugar y me dan ánimos”.

Para Lucy, la vida fuera de la Secretaría de Administración es tranquila y hasta un poco monótona hasta que llegan sus sobrinos de visita. “Son un remolino, corren para todos lados, pero no me cansan; al contrario, me recargan de energía y los disfruto y quiero muchísimo”.

Orgullosa, también presume su afición al béisbol de las grandes ligas y su fidelidad a los Bravos de Atlanta, “yo los apoyo y les echo porras siempre, sobre todo cuando están jugando un poco mal, porque es cuando más las necesitan”.

Aunque ha alcanzado los años de servicio necesarios para su jubilación, Lucy ha decidido continuar laborando en el Gobierno del Estado y aprovechar de forma útil su tiempo y sus capacidades.

“Hoy estoy contenta, me alegra servir a las otras dependencias, encontrar amistades y compartir con las personas mi experiencia, si a alguna les ayuda a ser positivos y salir adelante en la adversidad, con eso, ya me quedo satisfecha”, finalizó.

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