The Batman: ¿Por qué ver la esperada película de Robert Pattinson?

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Si en su momento se dijo que Tim Burton había llevado a Batman a su mundo, ofreciendo una extravagante explosión de su mente fracturada, y que luego Christopher Nolan lo trajo al nuestro, para explorar el lado emocional de su personalidad atormentada y convertir a su némesis en un completo terrorista; ahora podríamos decir que Matt Reeves lo ha llevado en “The Batman” al del célebre David Fincher, pasando en menor medida por el de otros autores, lo cual se convierte en su principal acierto.

Y es que el estilo orgánico de colores azules-amarillentos y el uso de un sutil contraste de sombras para iluminar los rostros, característico en las películas de dicho director —“Seven” (1995), “Fight Club” (1999)—, aunado a la forma en que el cine negro deforma las figuras, aquí conecta con los tonos ocre y los manchones de tinta característicos de obras emblemáticas del mundo de las viñetas tales como “Batman Año Uno” de 1987, creando atmósferas urbanas opresivas, ideales para enfocarse en ese rasgo de detective en el personaje poco explorado para la pantalla grande.

Con constantes close ups como herramienta, el también responsable de “Déjame Entrar” (2019) y “El Planeta de los simios” (2014), hace asfixiante el acostumbrado protagonismo de Ciudad Gótica, esta vez es reclamado por sus entrañas mismas, pútridas e infecciosas.

Hay además una congruencia innegable al despojarle de todo glamour a los combates de un vigilante que obviamente busca la efectividad y rapidez a la hora de enfrentar crimínales, antes que cualquier floritura, haciendo uno que otro guiño a películas previas, por ejemplo aquella pelea entre la versión de Michael Keaton y un sujeto armado con machetes.

Lo mismo sucede con el manejo espacial obsesivo que atrapa la espectacularidad de las escenas de acción a través de las ventanillas y puertas, con la cámara colgada al lado de las llantas o la parte baja de los cofres de los autos, reservándose una brutal secuencia bajo la lluvia, para lucir este nuevo Batimóvil reconvertido en un muscle car clásico que funciona como arma contundente.

La trama si bien se guarda muy pocas sorpresas con respecto a la investigación en sí, con enigmas cuya respuesta llega a resultar predecible, es claro en su afán de dimensionar la decadencia de las instituciones políticas y policiacas, presentando un discurso crítico social que aunque no es para nada ajeno al personaje, no pierde relevancia en nuestro contexto y se agradece que sea llevado hasta sus últimas consecuencias, valiéndose de un villano que sin alcanzar los niveles de carisma y peso dramático de otros, revitaliza la versión original.

Esto último, tomando un rol muy parecido al de El Segador, despiadado castigador anónimo presentado en “Detective Comics” de 1987 por Mike W. Barr, ubicado en los primeros años de Bruce Wayne vigilante, y que igual comienza a actuar una noche de Halloween.

Pero lo mejor es que todo va en pro de cuestionar, no las bases de la convención del superhéroe, sino del concepto básico del personaje, desnudando las motivaciones y el estatus tanto de antihéroe como de malogrado filántropo, de un Batman iniciante, circunstancia que por otro lado, aunque estiran al máximo no alcanza para justificar el poco efecto real que tiene su presencia dentro de la ficción planteada, como en algunos de los rescates donde el dramatismo no corresponde con la ejecución per sé.

Es quizás en los encuentros calmos del protagonista y Gatúbela, en donde se evidencia más este armado proveniente de propuestas muy específicas, luciendo una combinación de fondos desoladores y el sonido de instrumentos de cuerdas cuyos lamentos apuntan la fatalidad del incipiente romance, al más puro estilo de las películas de James Bond.

Aún así, Zöe Kravitz logra delinear con convicción la naturaleza marginal de esta ladrona, vista como una representación de los desposeídos, proveniente del replanteamiento en los cómics perpetrado por el ya mencionado Miller, y consolidado después por Mindy Newell en la miniserie “Catwoman” de 1989; sin recurrir a la carga erótica por la que usualmente se ha apostado en otras adaptaciones.

Así pues, “The Batman” no logra ocultar del todo las costuras y no podría considerarse como la mejor película que se ha realizado sobre el Hombre Murciélago, pero si es una de las más atrevidas y sugestivas, además de que es un sólido reinicio con muchas y muy interesantes posibilidades abiertas, y los elementos necesarios para ponerse por encima del promedio de este tipo de cine.

Vía La Razón MX