Vacunas para pocos en América Latina

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América Latina y el Caribe no tienen la cantidad de vacunas contra la covid-19 que necesitan. Hasta este viernes, la región había recibido 37 millones de dosis, que deberá repartir entre 630 millones de personas. La cifra alcanza para administrar menos de 6 dosis por cada 100 habitantes: manteniendo un criterio de dos por persona, hoy la región puede inmunizar al 2,8% de su población.

En Estados Unidos, mientras tanto, casi uno de cada cuatro ciudadanos ya ha recibido la vacuna. Las desigualdades en el reparto global dibujan el mapa de las diferencias entre países ricos y pobres, como lo denunció en enero la Organización Mundial de la Salud.

“Las dos terceras partes de las vacunas han sido asignadas a los 50 países más poderosos y el 0,1% a los 50 países más pobres”, advierte Diego Tipping, presidente de la Cruz Roja Argentina. México llevó hace dos semanas el reclamo por una mayor equidad en la distribución ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Y sumó el apoyo de Argentina, país con el que ha acordado fabricar antes de julio 250 millones de dosis en sociedad con Oxford-AstraZeneca. La producción, sin embargo, está demorada por falta de insumos. Ante la emergencia ha crecido el sálvese quien pueda, como también puede suceder en Europa.

El resultado es que la cifra total de dosis puede ser engañosa sobre la capacidad de América Latina y el Caribe para a atender a sus poblaciones, porque el 87% de las dosis están manos de solo cuatro países: Brasil (15 millones), Chile (8,6 millones), México y Argentina (4 millones). Coincide que los cuatro países integran el grupo de las cinco mayores economías de la región, con la única ausencia de Colombia.

Mientras que países como Cuba (que prepara su propia fórmula) y Honduras no han recibido ni una sola dosis. Otros apenas cuentan con unas pocas miles, como Paraguay (4.000), Ecuador (73.000) o El Salvador (20.000). Las diferencias entre ricos y pobres son evidentes.

La presión interna que sufren los Gobiernos por superar a sus vecinos, sumada a la restricción actual de la oferta, han convertido en una quimera la idea de un reparto solidario de vacunas entre países. Y el modelo de compras ha hecho el resto. Basado en las lógicas del libre mercado y no en una estrategia sanitaria global, los países con vínculos comerciales aceitados han tenido más éxito que el resto.

Chile ha sido el mejor ejemplo de ello: 30 tratados comerciales en vigencia y una madura cultura de negociación permitió al país andino cerrar contratos por 60 millones de dosis en tres años, de las cuales ya ha recibido casi 9 millones para repartir entre 16 millones de habitantes. “Las discusiones internas alrededor de la vacuna están enfocadas en lo local, en comparar cómo estamos en relación al vecino.

Y debemos entender que el acceso a la vacuna no es solo una cuestión humanitaria, está relacionado con una estrategia exitosa contra la pandemia. De nada sirve que algunos países vacunen a la totalidad de su población si otros no han podido empezar, porque el virus seguirá circulando”, dice Tipping.

La mayoría de los países de América Latina y el Caribe hoy dependen de Covax, el mecanismo conjunto de la OMS y la Iniciativa Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI) para repartir equitativamente 281 millones de dosis. Las primeras 117.000 llegaron el lunes pasado a Colombia, un país que, como tantos otros, quedó fuera de la primera ronda de entregas por parte de los laboratorios privados. El vacío dio alas a Rusia y China para introducir sus propias vacunas en la región.

Mientras el laboratorio estadounidense Pfizer ha cumplido con el 1,6% de sus contratos con la región y la británica AstraZéneca apenas el 0,26%, las entregas de la rusa Sputnik V y la China Sinopharm rondan el 5% de lo acordado. “Laboratorios como Pfizer o AstraZeneca tenían también compromisos grandes en Europa y Estados Unidos, pero las vacunas de Rusia o China no tenían esos compromisos.

Los países latinoamericanos que compraron a Rusia o a China recibieron vacunas primero, porque es más fácil estar adelante en la lista de esos laboratorios que en la de los que tienen compromisos con Estados Unidos y Europa”, explica el colombiano Johnattan García Ruiz, investigador del centro de pensamiento Dejusticia y profesor de Derecho y Salud Global de la Universidad de Los Andes. “Una cosa es el cierre de la negociación y otra que el laboratorio cumpla con las entregas”, advierte.

Vía El País